Es una sensación de la cual no me despojo. Arrancar, curar, inmolarme o explotar. Todo arreglado y vuelvo a empezar. ¿ El problema reside en pensar demasiado? No lo creo. Intento darme una pequeña tregua en un día en el que la lluvia no cesa, mientras me recorre un síntoma que me desgarra y me abrasa. He aquí mi pequeña confidencia. Mi personal escutrinio interno está lleno de dudas y orgullo, y en realidad, no se si me interesa-compensa. Esta vez no se trata de ninguna invitación a un baile de miradas perdidas, ni de sexo por sexo, ni de querer correr antes de saber andar. No se cuando dejé de reconocerte. Podría resumir el 100% de lo que pienso con tres palabras (voz en off: puede que tres sean muchas…), aunque ese porcentaje se ve inestable por mis continuas contradicciones, que van cambiando conforme yo actuo y tú, improvisas.
viernes, 23 de septiembre de 2011
sábado, 20 de agosto de 2011
Debemos dejar las posibilidades de hoy bajo la alfombra del mañana hasta que no podamos más, hasta que comprendamos por fin que es mejor saber que preguntarse, que despertar es mejor que dormir, y que fracasar y cometer un error enorme es mucho mejor que no haberlo intentado.
A veces, palabras como valiente y cobarde, antónimas absolutas cuyo significado se aleja hasta los extremos de un segmento imaginario, se tocan, se acarician, se hacen amigas. Intiman de tal manera, empatizan tanto, que un día no sabes quien es quien. Y es entonces cuando lo más valiente es ser cobarde, o cuando lo más cobarde es ser valiente. Y en ese momento, todo se vuelve del revés, y ya nada es lo que parece. Y lo malo y lo bueno van de la mano, y lo correcto y lo incorrecto saltan a la comba, y lo verdadero y lo falso nadan juntos en una piscina donde lo real y lo imaginario se divierten haciéndose aguadillas...
Y es que este calor insoportable me llena los pulmones de aire inflamable. Arde a 451 grados Fahrenheit, como ese papel que ya no sé llenar con letras, y escondida detrás del “ella” ya solo soy en tercera, ese ángulo donde el único que vive es el alter ego. Pero que suerte que ya me aburre mi corazón coraza.
Así que hoy, dejaré que ese grillo que me mantiene insomne en noches veraniegas, desaloje mi corazón y le abriré la ventana para que salte. Tengo una piscina solo para él, ya muda a estas horas, donde ese cri cri insoportable se perderá.
A veces se pierde pero siempre que la necesitas está detrás de ti para colore(arte) las pupilas con acuarelas o contarte los lunares. Recuerda que para encontrarla sólo tienes que seguir las flechas o cuando veas a Peter Pan seguro que está volando con ella. No es una va.lien.te pero le encantan las casualidades.Siempre que quieras, ella te invita a bailar encima de la cama y a comer bizcocho de chocolate.Si la encuentras, si te quedas...
Ataque de hormonas
Imagínate que eres un chico. No un chico cualquiera, eso no. Un chico de esos que escasean, de los de libreta en mano y bolígrafo repleto de ideas. Un chico de los que se sientan en bancos olvidados a crear recuerdos. Un chico de mirada perdida y sonrisa encontradiza. Un chico de esos que no llegan.
¿Lo tienes ya? Bien, pues ahora sitúate. Tú, el chico que hemos imaginado, el chico tímido y esquivo, el chico soñador y romántico, el chico de la libreta de anillas... estás apoyado en una esquina. No una esquina común, eso nunca. Es un lugar con cierta magia porque, desde esa esquina, puedes ver el vaivén de dos calles concurridas... puedes cazar historias al vuelo, puedes jugar a olvidar o encontrar sonrisas...
Ya que estamos centrados viene la parte más difícil porque, te tienes que esforzar para imaginártelo, ahora entra en escena una chica... pero no es una chica más, no es una chica común... es una chica de esas que te enamora con un pestañeo. La clase de chica que has soñado conocer toda tu vida. Con esa mirada que detiene el tiempo y esos labios que parecen contener el cielo. Es una chica que podría coger tu corazón y pisarlo hasta partirlo. Es una chica que, también, podría echar betadine a todas tus heridas. Una chica de las que no deja indiferente, una chica que lo es todo o nada.
Ahora dime, ¿qué le dirías?
jueves, 23 de junio de 2011
Anécdotas
Ayer llegando muerta a casa de trabajar, me encontré los ánimos un poco raros. Mi madre me hacía gestos para que me callara y lo primero que pensé fue, dios, que habré hecho ahora. Mi hermano de veintisiete años estaba con los ojos vidriosos, según me enteré después, se había encontrado en el acuario un pececillo panza arriba. La situación me pareció un poco cómica ya que por la mañana yo y mi madre habíamos estado diciéndole de todo al pez porque los últimos días no hacía más que morder y encorrer a Valentín (el pez, bueno el truchón en el que se ha convertido, mi regalo de san Valentín. Gracias Viki). Mi madre le perseguía con la red “superamenazante” mientras le decía, si no te portas bien te separaré eh. Yo sólo le llamaba cabrón dándole golpecitos en el cristal, a mi balleno no le hace daño nadie. Creo que mi madre todavía tiene remordimientos de conciencia.
lunes, 13 de junio de 2011
sábado, 4 de junio de 2011
"Si me dices ven lo dejo todo, pero dime ven."
El autobús sólo ha tardado quince minutos en llegar, y ahí estaba, con la mirada perdida en los muelles del autobús doble de la línea 23. Ha empezado a llover, ¡pero que suerte llevo paraguas!,si, el mismo que me deja en ridículo siempre que no puede superar la fuerza de rozamiento provocada por el levantamiento de una ligera brisa. No voy a sacarlo del bolso, me apetece cerrar los ojos y mojarme, no tengo nada mejor que hacer antes de llegar a casa. Se podría haber parecido a la tormenta del domingo…no me decidí a bajar a la calle, opté por la opción más fácil, apoyar la nariz en el frío cristal y observar como esas gotitas tan pequeñas se iban uniendo haciéndose más grandes. Me iba la vida en intentar adivinar el momento en el que no aguantararían más. Tengo ganas de llorar, pero no me dejo a mi misma. Si me pusiera unos algodones en la otra mejilla, me convertiría en la versión chana del padrino, parece que lleve una ensaimada guardada en el carrillo para recenar. Estoy harta de la amoxicilina, del enantyum, del colutorio que sabe fatal, de ponerme hielo en la cara, de no poder comer, de tener que lavarme los dientes a tientas, del urbasón, del paracetamol, del espidifen,y al fin y al cabo de que el dolor no cese. Y ahí está mi muela, en la mesa, impasible, en el fondo, se debe estar riendo de mi. No se donde se mete el ratoncito perez en estos casos. Querido maxilofacial, lo llevas clarinete si piensas que me vas a quitar la otra muela dentro de diez días, esto es insufrible. No me he puesto pijama, y mi habitación no está muy ordenada, por no decir nada. ¿alineación de planetas? Ja! Me suelo leer libros cuyas portadas me llaman la atención…inspeccionando la estantería de mi hermano, me he topado con “Dónde termina el arco iris”, suena un poco moñas, pero que puedo esperar de Cecelia Ahern, autora de pd: te quiero…y a todo esto, qué hace mi hermano comprándose estos libros, no quiero saberlo. Odio ser romántica, si no lo fuera, lo de esta noche no habría pasado, parecíamos dos lesbianas rodeadas de gestos complices de enamorados, que puto asco, toda la culpa la tiene las alineaciones de los planetas, está claro.
miércoles, 1 de junio de 2011
martes, 31 de mayo de 2011
Negativos
"Desde el dormitorio de Tomás se ve la ventana del salón de Carlota; aún hay luz. Tomás se la imagina tumbada en el sofá, sumergida bajo una manta y con una copa de pacharán en la esquina de la mesa, con el mando de la televisión en la mano y pasando veloz por las teletiendas, por el decorado de las noticias, por delante de actrices desnudas y detrás de asesinos ensangrentados, saltando de puntillas por frases entrecortados, saltando de puntillas por frases entrecortadas como piedras en el agua ; se la imagina inmóvil, en un carrusel de zapping hasta dar con una tanda interminable de anuncios en la que detener el vacío que gira en la noche y en su corazón; se la imagina buscando historias en los gestos de la mujer del champú o en las manchas que no logran sacar los detergentes de otras marcas, como cuando, juntos, miraban los negativos y jugaban a interpretar las imágenes antes de ver las fotos de la playa. Se la imagina frente al televisor, sin parpadear, ante imágenes que escurren de la pantalla como lágrimas.
Tomás y Carlota se conocieron junto al kiosco de la plaza cambiando cromos de Mundo Salvaje; se conocieron hace tanto tiempo que si volvieran a encontrarse con los cromos en la mano ya no podrían reconocerse, como el verano en esos negativos sobreexpuestos donde todo no era más que un juego de manchas y colores. Carlota y su máquina de fotos siempre encima, como si ese azul oscuro fuera su único y verdadero ojo y no aquellos marrones, casi amarillos de tan claros, que tanto le gustaba mirar a Tomás. Carlota nunca positivaba los negativos en los que salían ellos; “Nosotros no nos revelamos”, decía y después repartía esos negativos con Tomás como los cromos de Mundo Salvaje. Tomás y Carlota, sin rozarse ni tomarse nunca de la mano, cómplices, confidentes y amigos inseparables; Carlota y Tomás de casa al instituto, de casa a la facultad, siempre por las mismas aceras hasta que a ella se le quedó pequeña la ciudad.
Desde las habitaciones de los hoteles Carlota veía las calles de Londres y Nueva York: lluvia, niebla y nieve entre taxis, sirenas y muchedumbre con la que no pudo nunca acompasar sus propios pasos. En sus sueños, cuando estuvo muy lejos, siempre había alguien caminando a su lado, alguien dibujado en negativo a punto siempre de revelarse.
Ayer, junto a un semáforo, Carlota le dio de improviso dos golpecitos en el hombro a Tomás. Al principio le costó reconocerla, con ese corte de pelo y el tinte rubio. Él no sabía que ella llevaba ya más de un mes en la ciudad. Estuvieron charlando cinco minutos y se dieron dos besos antes de volverse a separar. Un negativo más sin revelar. En la casa vacía, delante de la televisión, la ciudad se hace absurda y el pacharán se acaba mucho antes que la noche.
Tomás sale a la calle: está cansado de imaginar. Si pudiera decirle, llamaría al portal de Carlota y la llevaría a recorrer las calles como cuando hablar era fácil y la vida sencilla, y en la plaza, al pasar junto a la estatua del rey, se cogerían de la mano y luego subirían a casa, como cuando vivían sus padres y subían a media tarde para oír música, y él sacaría aquella caja que dormía en el fondo de un armario llena de fotos, las fotos de todos esos negativos que él llevó a revelar cuando ella se fue.
Carlota está cansada, sin más. Si pudiera quedar con alguien y pasar el resto de la noche sin hablar…Desde su ventana se ve el dormitorio de Tomás: no hay nadie en su cama."
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